lunes, 11 de diciembre de 2006

Un día cualquiera...

Me despierto, como siempre: voy al baño. Al pasar por al lado del espejo creo ver a un extraño en él. Me vuelvo y lo miro fijamente, ¿soy yo? No, no puedo ser yo. Intento tocarle: él hace lo mismo. Debo ser yo. No hay otra explicación. No me reconozco. ¿Será quizás que me veo tan ocupado que ni me paro a mirarme? El estrés me consume, poco a poco… Veo por toda mi cara marcas de cansancio y agotamiento ¿Es posible olvidar tu propio aspecto? No me recordaba así. Debo parar, descansar, sentirme sin atadura alguna, ser libre y volar, aunque tan sólo sea por un instante… Mi vida hace estragos en mí… Que ironía, mi propia vida me quita la vida… Debo olvidar todo. Dejar atrás recuerdos, viejos sentimientos. Sentir cosas nuevas. Dejarme llevar por mi instinto. Salir y no volver. Llorar y saborear mis propias lágrimas, como si fueran el elixir mejor preparado para recuperarme… Lástima que tan sólo sea un ser humano... ¿es el ser humano capaz de hacer todo eso?...

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