lunes, 11 de diciembre de 2006

4.Algo inesperado

La calle olía a soledad, pero supongo que uno se acostumbra a eso después de tantos años saliendo de casa a esta hora. Busqué entre mis bolsillos las llaves del coche, mientras miraba el reloj, aún quedaba media hora para que empezara mi jornada laboral. Saqué las llaves, pero me arrepentí y las volví a guardar. Era un buen día para darme un paseo, tenía tiempo.

Antes de subir al periódico entré en un bar, pedí un café, entré en el servicio después de bebérmelo y acto seguido me marché a dar el callo.

Trabajaba -bueno, y trabajo- en La Vanguardia. Saludé al guardia, luego a la recepcionista -Rosario, una muchacha muy simpática- y por último a mis compañeros. Me senté en mi mesa esperando al mandamás, para ver que nos tocaba cubrir hoy. Al poco rato llegó, me mandó llamar a su despacho, urgentemente. Querría que cubriera algo importante, siempre me manda las mejores noticias, confía en mí -pensé-. Pero me quedé helado cuando me dijo lo que tenía que decirme:

-Tengo que mandarte a un suceso que parece de mucha importancia -¿veis? lo que yo decía.

-Dime jefe, sabe que puede confiar en mí.

Lo sé -dos de dos, pero la incertidumbre era gigante, ¿qué querría que hiciera hoy?-. Han encontrado un muerto ,y precisamente cerca de tu casa -ahí fue cuando me quedé helado-, quiero una noticia detallada, investiga cuánto haga falta, ha sido cosa de tiros, y varios. Si consigues sorprenderme te recompensaré generosamente, Tomás.

-Haré todo lo que esté en mis manos -balbuceé mientras salía de su despacho.

No hay comentarios: