miércoles, 20 de diciembre de 2006

Brindemos...

Tenía ganas de poner algún trozo de canción que me pusiera los vellos de punta, y esta canción, en concreto lo hace... Cada vez que la escucho...


Los viejos amigos que te cruzas van con prisa

Tu vas con prisa, un saludo, un abrazo y una sonrisa

Quedamos en llamarnos pero eso se olvida

Cuando surgen otras cosas, así son las cosas de la vida

Pero un día brindaremos por el pasado

Decíamos que no cambiaríamos nunca

Pero hemos cambiado, ¿verdad?

Para lo bueno y para lo malo

Endurecidos a base de palos

Quiero proponerte un brindis por el tiempo

Que es un maestro severo

Que te quiere a ti, no a tus cosas o a tu dinero

Lo aprendí cuando me cruce contigo por la calle

Porque íbamos con prisas y por los pequeños detalles

Por la gente, que vive el presente con desgana

Por los que lo echaran de menos cuando sea mañana

Por las tardes, las noches, los jóvenes, los viejos

Por el reflejo que me devuelve el espejo


Extracto del tema "Bridemos" de Juaninacka

miércoles, 13 de diciembre de 2006

A tu lado...

Volverme vulnerable...
Sin buscarlo, sin saberlo.
Vulnerable... ¿A qué?
A todo...
Es como si mi escudo
se marchara, lejos,
muy lejos...


Pero vuelves a mí,
regresas, a mi lado...
Sin merecerlo, sin esperarlo.
Y contigo vuelve
mi escudo, mi seguridad.
Todos los miedos y males
desaparecen, a tu lado...


martes, 12 de diciembre de 2006

Enfadado...

Enfadado, conmigo mismo. Por confiarme a la suerte, por confiarme a otros… Dejé que todo volara, dejé libre mis pensamientos. Sé que hice mal, ahora no quieren volver. No es de extrañar, nada ni nadie quiere estar al lado de alguien así... Escapóseme la situación de las manos, no hay vuelta atrás… Sólo queda sentarse en el andén y esperar a que llegue el tren. No tengo prisa. No pienso llorar. Tampoco derrumbarme. Voy a mirar hacia delante. Intentaré enmendar mis fallos, poco a poco, sin prisa. Tengo toda una vida por delante… ¿Es suficiente una vida para corregir todos los errores?


lunes, 11 de diciembre de 2006

Cronos

¿Por qué Cronos nos engaña de tal manera?

Una pregunta que ronda por mi cabeza siempre… ¿el tiempo es amigo nuestro o es el peor enemigo del hombre? Sin darte cuenta ves como creces y contigo todo lo de tu alrededor, ves como familiares y amigos se van para no volver sin poder remediarlo, sin poder evitar que el hijo de Urano nos coma a todos sin piedad, poco a poco…



El tiempo es mal compañero, cuando estás bien vuela, cuando lo pasas mal se queda a tu lado para ver como sufres… ¿Traidor? Pues no lo sé… Quizás le divierta hacer ese tipo de cosas. Hay días en los que necesito tiempo para terminar mil y una tareas, y no logro acabar, sin embargo, otros días no tengo nada que hacer, y me llevo horas mirando el reloj, esperando a nadie, esperando a nada…


Si es cierto que pone a cada uno en su lugar, tarde o temprano. Unas veces nos trae felicidad, otras llanto… Supongo que hay que conformarse con lo que toca… ¿Por qué?

Un día cualquiera...

Me despierto, como siempre: voy al baño. Al pasar por al lado del espejo creo ver a un extraño en él. Me vuelvo y lo miro fijamente, ¿soy yo? No, no puedo ser yo. Intento tocarle: él hace lo mismo. Debo ser yo. No hay otra explicación. No me reconozco. ¿Será quizás que me veo tan ocupado que ni me paro a mirarme? El estrés me consume, poco a poco… Veo por toda mi cara marcas de cansancio y agotamiento ¿Es posible olvidar tu propio aspecto? No me recordaba así. Debo parar, descansar, sentirme sin atadura alguna, ser libre y volar, aunque tan sólo sea por un instante… Mi vida hace estragos en mí… Que ironía, mi propia vida me quita la vida… Debo olvidar todo. Dejar atrás recuerdos, viejos sentimientos. Sentir cosas nuevas. Dejarme llevar por mi instinto. Salir y no volver. Llorar y saborear mis propias lágrimas, como si fueran el elixir mejor preparado para recuperarme… Lástima que tan sólo sea un ser humano... ¿es el ser humano capaz de hacer todo eso?...

Y...

Y seguir soñando.
Siempre igual:
Sólo sueños…



Y mirar atrás.
Nada cambia:
Maldito tiempo…



Y querer empezar.
De nuevo:
Solo eso…



Y volver solos.
Donde siempre:
Odio profundo…



Y sentirte cerca.
Aunque lejos:
Amor verdadero…



Y jugar acompañado.
Con nadie:
Sólo soledad…



Y vivir feliz.
Hola lágrimas:
Adiós sonrisa…



Y luchar juntos.
Sin rencores:
Te quiero…

6.Cervezas, queso y jamón

Mientras que cortaban jamón y nos servían las cervezas, Raúl y yo, hablábamos de fútbol, de política, de música... Teníamos muchas cosas que contarnos, algo normal después de no habernos visto durante tanto tiempo. Me contó que seguía soltero, que aún no había encontrado esa mujer que le gustara de verdad, aunque el tío no le hacía ascos a ninguna. También me comentó que uno de sus dibujos -sí, aparte de ser policía dibujaba de lujo- fue primer premio del Certamen Max Spiegel de arte moderno.

Después de media hora de charla, dos cervezas por cabeza, una tapa de queso y tres de jamón, empezamos a hablar del tema por el cual habíamos ido al bar.

-Bueno Raúl... ¿Qué sabes del tema?

-Mira -bebió un buche de cerveza y me miró con cara de incertidumbre- sé que es un ajuste de cuentas...

-Un momento, quiero apuntarlo todo -en ese momento saqué mi libreta y mi bolígrafo de la suerte que siempre llevo conmigo del bolsillo y empecé a tomar nota.

-Pues eso, la víctima tiene dos tiros, uno en el abdomen y otro a la derecha del corazón. Hay que tener cuidado con la mafia chico, éstos arreglan todo de la misma forma.

-¿Nada más?

-Nada más. Es todo lo que se sabe. Aún no hemos podido averiguar ni siquiera quién es el muerto, parece que ha salido de la nada – en cuanto terminó mi buen amigo de hablar sonó el móvil, lo cogí, lo miré... ¿Mi jefe?

-Dime jefe.

-¿Sabes algo ya?

-En eso estoy, tengo ya algo de información.

-Estupendo, en cuanto puedas pásate por mi despacho y me cuentas.

-OK, voy ahora.

Después de colgar el móvil, pagué lo consumido, me despedí de Raúl con un abrazo y fui al periódico, a mostrarle al jefe la poca información que había recopilado.

5.Iniciando la investigación

Con la sangre aún hecha escarcha, me fui a mi mesa. Estuve un rato observándola, anonadado. Como si mi cerebro no hubiera terminado de procesar aquellos datos que acababa de meter mi jefe, donde se me pedía que investigase sobre un cadáver al que yo, prácticamente, había robado. Después de media hora allí sentado, pensé que ir a la comisaría sería un buen comienzo, podría enterarme de algo gracias a mi bueno amigo Raúl. Aparte de hacer la noticia también podría conseguir información sobre aquel maletín para, al menos, saber de quién era el dinero que iba a gastarme tan gustosamente, y de paso, verle el careto a mi compañero de infancia. Por suerte, ya que no había traído el coche, la comisaría la tenía cerca, a dos calles del periódico.

Entré en aquel sitio de la ley y pregunté por mi gran amigo. Me mandaron a la planta de arriba, y como es normal, fui hacia allí. En la segunda planta me enviaron a un despacho, al fono a la derecha del pasillo. Llamé usando los nudillos con un golpe seco en el cristal de la puerta, escuché "adelante" y entonces la abrí y crucé el umbral, entrando así en el pequeño despacho y lugar de trabajo de Raúl. Aquel espacio olía a una mezcla de café, pies y ambientador malo, de ese que lo echas por la habitación y resulta que termina oliendo peor que antes. La mesa la tenía muy desordenada. De la pared colgaba posters de mujeres en bikini y alguno que otro en el que salían dibujos manga o algo por el estilo, es que de eso tampoco es que yo entienda mucho... Raúl estaba muy desmejorado desde la última vez que lo vi, pero prácticamente era el mismo, pelo rubio largo -aunque sin peinar-, ojos azules, orejas pequeñas, cara graciosa, muy delgado... En definitiva, un gran personaje de mi vida con el que había pasado muchos grandes e inolvidables ratos. Como cuando teníamos quince años -por esos tiempos yo vivía aún con mi madre-. Ese día se iba a quedar conmigo a dormir, cuando se fue la luz de noche mientras yo andaba por el pasillo de mi casa, cuando me quise dar cuenta ya me había chocado con el marco de la puerta del cuarto de baño. El chichón y las risas duraron una semana. Aún sonrío al recordarlo.

Al tiempo que recordaba parte de mi niñez, pude notar como mi amigo me miraba. Vi en sus ojos expresión melancólica. Quizás nos pusimos de acuerdo respecto a los recuerdos, pero no quise sacar el tema. En cambio decidí empezar a trabajar:

-¡No me lo puedo creer! ¡quién te ha visto y quien te ve! -no quería parecer interesado, ya que hacía lo menos dos años que no le veía- ¿Cómo te va la vida? Tienes buena pinta, viejo amigo.

-Uno, que se cuida - en realidad yo dudaba que se cuidase, pero un amigo... Es un amigo.

-Sí, ya te veo.

-¿Qué te trae por aquí, Tomás?

-Trabajo, y más trabajo, ya sabes, lo de siempre.

-¿Y en qué puedo ayudarte yo?

-Tengo que hacer una noticia de un asesinato en mi calle, y pensé que tú me podrías echar una mano...

-¿Y por qué no me invitas a una cerveza mientras te cuento lo que sé del tema? -seguía teniendo la misma caradura de siempre.

-Supongo que no puede rechazar a tu maravillosa oferta -bromeé antes de que ambos soltáramos varias carcajadas.

4.Algo inesperado

La calle olía a soledad, pero supongo que uno se acostumbra a eso después de tantos años saliendo de casa a esta hora. Busqué entre mis bolsillos las llaves del coche, mientras miraba el reloj, aún quedaba media hora para que empezara mi jornada laboral. Saqué las llaves, pero me arrepentí y las volví a guardar. Era un buen día para darme un paseo, tenía tiempo.

Antes de subir al periódico entré en un bar, pedí un café, entré en el servicio después de bebérmelo y acto seguido me marché a dar el callo.

Trabajaba -bueno, y trabajo- en La Vanguardia. Saludé al guardia, luego a la recepcionista -Rosario, una muchacha muy simpática- y por último a mis compañeros. Me senté en mi mesa esperando al mandamás, para ver que nos tocaba cubrir hoy. Al poco rato llegó, me mandó llamar a su despacho, urgentemente. Querría que cubriera algo importante, siempre me manda las mejores noticias, confía en mí -pensé-. Pero me quedé helado cuando me dijo lo que tenía que decirme:

-Tengo que mandarte a un suceso que parece de mucha importancia -¿veis? lo que yo decía.

-Dime jefe, sabe que puede confiar en mí.

Lo sé -dos de dos, pero la incertidumbre era gigante, ¿qué querría que hiciera hoy?-. Han encontrado un muerto ,y precisamente cerca de tu casa -ahí fue cuando me quedé helado-, quiero una noticia detallada, investiga cuánto haga falta, ha sido cosa de tiros, y varios. Si consigues sorprenderme te recompensaré generosamente, Tomás.

-Haré todo lo que esté en mis manos -balbuceé mientras salía de su despacho.

2.Un comienzo de dia algo peculiar (maldito perro)

El Masnou no es muy acogedor a las 6 y media de la madrugada, y menos en esta época. El viento azotaba los árboles, parecían incluso silbar, pero a modo de burla, como riéndose de alguien que a esa hora estaba en la calle sacando a un chucho y tirando la basura. Vaya postal la mía. El sol aún quedaba escondido, en cambio la luna seguía en su máximo esplendor, dándole vida a la noche. Algo me decía que ella era la culpable de que este frío congelara incluso el alma, de que tuviera que salir a la calle con dos camisetas, una sudadera, un chaquetón y una bufanda -aunque el pijama jamás hay que olvidarlo-, además de dos pares de calcetines, que si no luego llegaba al trabajo con los pies helados -que más que pies parecían frigopies-.

Total, que estaba haciendo yo mi ronda de todos los días, cuando al ir a tirar la basura, me asustó una figura que estaba al lado del contenedor, parecía un cuerpo. Resultó ser un hombre muy delgado, con el pelo corto, iba vestido con un traje como los de los mafiosos de las películas. Al notar mi presencia, levantó la cabeza y clavó sus ojos en mí. Junto a él había un maletín negro que no sé como, pero de alguna manera, logró captar casi toda mi atención. El extraño levantó los brazos, medio moribundo, y dijo: "Llevate el maletín, que no caiga en malas manos". Cuando hizo un mal gesto con la cara noté que tenía varios tiros dados en el pecho, aquellas fueron sus últimas palabras.

Y allí estaba yo, con un hombre muerto y un maletín qué a saber que contenía. Me deshice por fin de la bolsa de basura y fui a alcanzar la pertenencia de aquel cuerpo ya inerte. Para mi sorpresa, al abrirlo sólo vi billetes de cien y quinientos euros que llenaban el maletín hasta rebosar. "Me ha tocado el premio gordo", fué lo primero que pensé, sin dejar de mirar aquel sueño casi inalcanzable, con los ojos como platos, luego caí en la cuenta de que tenía a alguien muerto y un dinero que no tenía ni la más remota idea de adónde había salido. No sabía que hacer, y para colmo, al chucho no se le ocurre hacer otra cosa que mear encima del difunto. Menudo plan. Noté que alli peligraba, así que lo que hice fue coger el maletín, y antes de arrepentirme, salí pitando hacia mi casa.

1.Empezando las andadas

Era una sombría mañana de otoño. Me disponía, como a diario, a pasear a la mascota de la familia, un pequeño perrito pequinés llamado Flama -recuerdo como mi hijo decía:"que si papá, que yo lo cuido y lo saco a pasear", y un jamón, ara tengo que hacerme cargo yo- cuando mi querida esposa hizo que me parara casi al entrar en el ascensor. Venía con dos bolsas. Intenté escabullirme, pero no pude: además de pasear al perro debía tirar la basura. Más tarde pude comprobar que aquello cambiaría mi vida. Y luego dicen que por ayudar en las tareas de casa no ocurre nada malo...